Levantarse está sobrevalorado

Cuántas veces hemos oído eso de “lo importante no son las veces que te caes, sino las que te levantas”.

Levantarse está sobrevalorado. Cuando te caes, te levantas y punto. No queda otra.

La reflexión está en el cómo. ¿Cómo te levantas? ¿Aprendes de la caída y asumes tus responsabilidades? ¿O echas la culpa a otros de haber puesto esa piedra en tu camino? ¿Miras adelante para continuar tu camino, o permites que el dolor de la caída o el temor a nuevas piedras te retraigan? ¿Te limitas a quejarte, o haces lo que esté en tu mano para cambiar el entorno y limpiar el camino de, al menos, una parte de las piedras? Les hay, incluso, que ponen nuevas piedras para el que pueda venir detrás.

Levántate más fuerte, más sabio, transforma el dolor en la energía del cambio que nos hace crecer y colaborar para que este mundo sea un lugar mejor.

BLACK FRIDAY

Si tanto te preocupa el cambio climático, piénsatelo dos veces antes de comprar algo que no necesitas, solamente porque es una ganga.

Si piensas que tras la crisis política en Bolivia hay alguna mano negra, recuérdalo al comprar ese objeto con batería de litio.

Si crees que hay que hacer algo para mejorar el empleo y reducir el paro, lee las etiquetas e infórmate; piensa a dónde va a ir el dinero que has pagado por esa ganga.

Tras cada precio muy barato se esconde al menos una situación de injusticia.

SOBRE LA REDUCCIÓN DEL CONSUMO DE CARNE

Recientemente la ONU ha publicado un informe en el que, entre otras cosas, se recomienda la reducción del consumo de carne, debido al gran impacto que la producción ganadera tiene en el cambio climático, tanto por las emisiones de gases como por la desertización y escasez de agua. Si bien esta recomendación también tiene en cuenta el matiz del desigual reparto de alimentos (es decir, población hiperalimentada que consume más proteínas de las que necesitan frente a población desnutrida y con carencia de las mismas).

He seguido con curiosidad los comentarios de la gente ante la noticia en las redes, y también con gran espanto las opiniones de algunos tertulianos que han dado su muy pobremente informada opinión en algunos medios.

Como consumidores, nos falta información acerca de lo que hay detrás de todo aquello que consumimos, ya sea alimentación, vestido, cosmética o telecomunicaciones. Ya que de alimentación algo entiendo, voy a tratar de explicar el porqué de esta recomendación, que o bien la ONU no ha sabido explicar, o bien los medios no la están explicando en su divulgación.

Cuando alguien ve un plato de guisantes, ve un plato de guisantes. Cuando alguien ve un plato de carne, ve un plato de carne sin preguntarse qué hay detrás.

Cuando vemos un plato de carne, deberíamos de ser capaces de ver:

  • Varios platos de guisantes (o de maíz, o de trigo, o de centeno, o de cualquier otra materia prima de origen vegetal con la que se haya producido el pienso), ya que el animal consume más raciones de las que produce.
  • La fábrica por la que han pasado estas raciones de guisantes, obteniendo proteína de guisante destinada a la fabricación de piensos.
  • La fábrica de piensos, que utiliza esta proteína de guisante (o cualquier otra materia prima) para producir los piensos destinados a animales de consumo humano.
  • La fábrica de correctores de piensos. Los correctores son aditivos que se añaden a la mayor parte de los piensos para corregir el aporte de éstos en los micronutrientes que el animal necesita (sobre todo minerales, vitaminas y en algunos casos también antibióticos).
  • Los proveedores de la fábrica de correctores, donde podemos englobar por ejemplo canteras de las que se trae carbonato cálcico destinado a alimentación animal, a los fabricantes de vitaminas y a los fabricantes de antibióticos.
  • Todos los litros y litros y litros de agua que han utilizado cada uno de los participantes en la producción de este plato de carne, sin olvidarnos del matadero (cuyas necesidades de limpieza le obligan a gastar cantidades de agua bárbaras).

Por tanto:

  • No es cierto que al reducir el consumo de animales haya que aumentar las explotaciones agrícolas, puesto que lo que deja de destinarse a piensos, se destinaría a alimentación humana (y teniendo en cuenta que los animales comen más de lo que producen, de hecho incluso habría excedente).
  • No es cierto que aumente el consumo de agua, exactamente por la misma razón anterior (no se aumentarían las explotaciones agrícolas), pero sobre todo porque se eliminaría el agua consumida por el resto de participantes en la producción animal (mataderos, fábricas de piensos, etc.)

¿Qué hacemos? ¿Nos hacemos todos veganos? Pues creo que tampoco es eso…

En primer lugar, porque la dieta vegana es carente en vitamina B12 y requiere de suplementación. Mi opinión es que si una dieta no es capaz de ofrecer a una persona sana todos los nutrientes sin suplementación, es que no es una dieta adecuada (pero es mi opinión, respeto el resto).

En segundo lugar, tras presentar a todos los actores que participan en la producción animal, se me hace evidente que un cambio de dieta radical por parte de todo el mundo podría tener un impacto económico muy grave. No obstante y como no soy economista, dejo dicho estudio a los expertos en la materia.

En tercer lugar, existe un factor que se llama «huella de carbono», que refleja el impacto ambiental que ha tenido un alimento en su producción. Además de incluir lo enumerado anteriormente, también tiene en cuenta las emisiones en caso de haber sido madurado en cámaras, el impacto del transporte, etc. Aunque teóricamente es más baja en vegetales, sería interesante comparar las huellas de carbono de un chuletón de ternera de Ávila de producción ecológica con la de una ensalada de lentejas de Canadá (sí, sí, gran parte de las lentejas que comemos en España vienen de Canadá…), quinoa de Perú y aguacates de México que nos pudieran ofrecer, por ejemplo, en un restaurante en Ávila.

En definitiva, la recomendación de la ONU es sensata y está bien documentada, pero no se está sabiendo explicar. No es necesario ser radicales y eliminarla por completo, pero os invito a empezar por eliminarla uno o dos días por semana de la dieta, a comer más legumbres, a reducir el consumo de ultraprocesados y a apostar por las frutas y vegetales frescos y de temporada, y todos los alimentos en general de producción de cercanías (sean o no ecológicos). El medio ambiente os lo agradecerá… y vuestro cuerpo también.

Sensibilidad relativa

La insoportable cifra de 995 mujeres asesinadas desde 2003 en nuestro país (tomando prestadas las palabras de Carmen Calvo) como consecuencia de la violencia machista. Como sociedad, este asunto nos tiene altamente sensibilizados.

La sensibilidad ante la muerte violenta es positiva. Nos mantiene en la lucha por reducir la cifra. Nos mueve a reclamar las medidas necesarias para bajar la cifra: educación, seguridad…. Y así debe ser. No bajemos la guardia.

La insoportable cifra de 1180 víctimas mortales de accidentes de tráfico en nuestro país, solamente en 2018. 1198 víctimas en 2017. 1161 víctimas en 2016…

Una cifra notablemente superior a la primera, y sin embargo cada fin de semana, cada puente, cada periodo de vacaciones, escuchamos con insuficiente sensibilidad el balance de vidas perdidas en la carretera. De nuevo reclamamos las medidas necesarias para bajar la cifra, y a pesar de ello cuestionamos muchas de ellas señalando el afán recaudatorio

La insoportable cifra de 3600-3700 suicidios al año en nuestro país. De esos, apenas se habla de unos pocos. Algunos menores víctimas de acoso escolar, y poco más. El resto, que son la mayor parte, son invisibles, y por eso nosotros somos insensibles a la cifra.

Sobre la aceptación de la gratitud y el reconocimiento

Es una norma social que nos enseñan desde niños. Nos enseñan que ante un «gracias», la respuesta correcta es «de nada». Lo interiorizamos de tal forma antes incluso de tener uso de razón que puede pasar incluso a formar parte de las funciones involuntarias: ante un «gracias», de forma automática y sin pensar respondemos un «de nada». Da igual si el motivo del agradecimiento nos ha supuesto un mínimo tiempo y esfuerzo (sujetar la puerta al que viene detrás) o si ha supuesto un esfuerzo mayor y una renuncia a una parte de nuestro tiempo (salir más tarde del trabajo por ayudar a un compañero a terminar un trabajo del que se acaba el plazo, pararte en la carretera a ayudar a alguien a cambiar una rueda…), sea lo que sea, siempre «de nada».

Desde hace un tiempo, cada vez que alguien me da las gracias y las dos palabras están a punto de salir de mi boca, algo se remueve dentro de mí. ¿Por qué «de nada»? «De nada» no. «De algo». Puede haber sido más, puede haber sido menos, puede ser «de mucho» o puede ser «de un poquitín», pero siempre es «de algo».

Incluso aunque lo que haya motivado el agradecimiento del otro haya sido un acto nacido de lo más profundo del alma. O tal vez sobre todo en esos casos.

Siento que al decir «de nada», no solamente quitamos valor al acto agradecido sino que, lo más grave, estamos rechazando el agradecimiento que la otra persona nos ofrece.

La gratitud es uno de los sentimientos más bellos y más elevados; es también de los más poderosos a nivel espiritual.

Por eso es tan importante saber recibirla, saber aceptarla.

En mi caso, dependiendo de la situación, unas veces respondo un «gracias a ti»: acepto tu gratitud y al mismo tiempo agradezco tu reconocimiento, o si ha habido un cierto «trabajo en equipo» aprovecho al mismo tiempo para reconocer al otro su parte. En otros casos esbozo una sonrisa y hago un leve gesto con la cabeza, mirando a los ojos a la persona agradecida, como aceptación de dicha gratitud.

Cuando soy yo quien entrego agradecimiento, me siento mucho más feliz al sentir que la otra persona lo recoge y lo acepta. En lugar de un «de nada»… ¿»De nada»? Pero es que para mí sí ha sido algo, para mí sí ha tenido significado, por eso agradezco, y me gusta que se acepte.

Me dejo fluir, me dejo sentir, a veces no me cuestiono las cosas hasta que algo se mueve y hace que me las cuestione. Esto fue lo que me ocurrió ayer. Durante la sesión de biodanza, todos tuvimos ocasión de entregar nuestro reconocimiento a los otros, y de recibir el reconocimiento de los otros. Mis sensaciones la primera vez que hice ese ejercicio, hace quizá dos años. Mis sensaciones ayer. La observación de los compañeros en su turno de aceptación del reconocimiento. La gratitud y el reconocimiento están estrechamente relacionados, eso fue lo que ayer pude observar y eso es lo que me ha permitido entender por qué he dejado de responder «de nada», por qué he empezado a aceptar la gratitud de los otros.

Mi más sincero agradecimiento a mi facilitador de Biodanza y a todos mis compañeros, los que están y los que estuvieron. Va por vosotros, pues me habéis facilitado el aprender a recibir.

Sobre obligaciones y prohibiciones

No sé si soy yo, que he cambiado, y ahora veo el mundo con otros ojos, escucho con otros oídos. O si realmente algo ha cambiado, y ese algo es la forma de hablar de nuestros dirigentes y aspirantes. Lo cierto es que en estos últimos meses escucho demasiadas veces de sus bocas los términos «obligar y prohibir».

Bajo mi punto de vista, una sociedad civilizada formada por individuos con cierto grado de conciencia, debería tender a una reducción en el número de obligaciones y prohibiciones para sus miembros.

Claramente, hay que regular ciertos aspectos básicos, «lo que está bien» y «lo que está mal», para disuadir y llegado el momento castigar a aquellos individuos más inclinados al mal que al bien (cuestiones evidentes como «no matarás», etc.), así como aquellos otros en los que demostremos un menor grado de conciencia (me viene a la mente el tráfico, asunto por el que tenemos que lamentar tantas muertes o secuelas de por vida y aun así nos seguimos jugando la vida y la de otros por ganar dos minutos al reloj).

No obstante, hay otros aspectos en los que se debería, poco a poco, «dejar que la tierra gire». Entiendo que hay determinados asuntos muy espinosos, podría ser el caso del aborto o de la eutanasia, por ejemplo. Asuntos de los que se debe hablar sin banalizar, sin trivializar, reconociendo el dolor de la persona que lo sufre. Sin embargo lo que vemos es que cada partido pretende imponer su propia conciencia y sus propias creencias al resto «por ley», y yo me pregunto, ¿hasta qué punto es legítimo que unas personas impongan un criterio basado en su conciencia al resto? Yo tengo mi opinión y mi forma de pensar al respecto, pero ¿hasta qué punto tengo derecho de imponérselo a personas que piensen de forma diferente?

O la medicina y la salud… En la medicina alopática, en la «regulada», el paciente debe ser informado del tratamiento al que se le va a someter y de las posibles consecuencias que dicho tratamiento pueda tener, y tiene derecho a renunciar a dicho tratamiento. Esta misma semana, una mujer ha sido obligada a someterse a una inducción al parto, y si bien es un asunto del que tengo muchas dudas (no sé hasta qué punto la vida del no nato estaba en peligro o si bien el informe médico en el que se basó la orden judicial exageró el riesgo), creo que no hay justificación para el estrés y la ansiedad que a esta mujer se la provocó en su situación. Por otra parte, hay un movimiento que pretende prohibir las terapias complementarias (que no alternativas), violando claramente nuestro derecho a elegir de qué modo queremos aumentar nuestro bienestar en los momentos de salud (incluso el yoga o la meditación se están poniendo en tela de juicio) y con qué terapias complementarias queremos reforzar aquellas que nos ofrezca la medicina regulada. De nuevo, obligar y prohibir. Decirnos de qué forma debemos vivir.

Incluso alrededor del pasado 8 de Marzo llegué a escuchar algo acerca de promover alguna ley para «obligar» al reparto de tareas en el hogar… Ya me parece peligrosa la mera verbalización de que se pueda llegar a legislar cualquier asunto en el ámbito doméstico, hace que se me erice el vello.

Sigo manteniendo una inquebrantable fe en la raza humana. Al fin y al cabo, yo misma formo parte, y también reconozco a mi alrededor numerosas personas con alto grado de conciencia. Vamos avanzando en nuestro camino, con capacidad de discernimiento, de elegir lo que es bueno y malo para nosotros, de tomar decisiones basadas en el bien común y no en nuestra propia individualidad. Y lo que veo es que eso es lo que nos quieren quitar, con la obligación y la prohibición.

Si llegamos al punto en el que lo que no esté prohibido sea obligatorio, habremos dado un terrible paso atrás. Esa es la definición de «Dictadura».

Transmutación

Un día te das cuenta de que aparentemente todo es igual, pero en realidad nada es igual. El mundo se mueve y nosotros con él, por mucho que nos neguemos e insistamos en permanecer estáticos, el mundo nos cambia de posición.

¿Por qué insistir en quedarnos quietos en lugar de movernos? ¿Por qué permanecer inamovibles en nuestras ideas y pensamientos, en lugar de abrir nuestra mente y aceptar que otras formas de pensamiento son posibles?

Eres tú quien decides si quieres seguir resistiéndote, o prefieres ceder a la magia de la transmutación.