Recientemente la ONU ha publicado un informe en el que, entre otras cosas, se recomienda la reducción del consumo de carne, debido al gran impacto que la producción ganadera tiene en el cambio climático, tanto por las emisiones de gases como por la desertización y escasez de agua. Si bien esta recomendación también tiene en cuenta el matiz del desigual reparto de alimentos (es decir, población hiperalimentada que consume más proteínas de las que necesitan frente a población desnutrida y con carencia de las mismas).
He seguido con curiosidad los comentarios de la gente ante la noticia en las redes, y también con gran espanto las opiniones de algunos tertulianos que han dado su muy pobremente informada opinión en algunos medios.
Como consumidores, nos falta información acerca de lo que hay detrás de todo aquello que consumimos, ya sea alimentación, vestido, cosmética o telecomunicaciones. Ya que de alimentación algo entiendo, voy a tratar de explicar el porqué de esta recomendación, que o bien la ONU no ha sabido explicar, o bien los medios no la están explicando en su divulgación.
Cuando alguien ve un plato de guisantes, ve un plato de guisantes. Cuando alguien ve un plato de carne, ve un plato de carne sin preguntarse qué hay detrás.
Cuando vemos un plato de carne, deberíamos de ser capaces de ver:
- Varios platos de guisantes (o de maíz, o de trigo, o de centeno, o de cualquier otra materia prima de origen vegetal con la que se haya producido el pienso), ya que el animal consume más raciones de las que produce.
- La fábrica por la que han pasado estas raciones de guisantes, obteniendo proteína de guisante destinada a la fabricación de piensos.
- La fábrica de piensos, que utiliza esta proteína de guisante (o cualquier otra materia prima) para producir los piensos destinados a animales de consumo humano.
- La fábrica de correctores de piensos. Los correctores son aditivos que se añaden a la mayor parte de los piensos para corregir el aporte de éstos en los micronutrientes que el animal necesita (sobre todo minerales, vitaminas y en algunos casos también antibióticos).
- Los proveedores de la fábrica de correctores, donde podemos englobar por ejemplo canteras de las que se trae carbonato cálcico destinado a alimentación animal, a los fabricantes de vitaminas y a los fabricantes de antibióticos.
- Todos los litros y litros y litros de agua que han utilizado cada uno de los participantes en la producción de este plato de carne, sin olvidarnos del matadero (cuyas necesidades de limpieza le obligan a gastar cantidades de agua bárbaras).
Por tanto:
- No es cierto que al reducir el consumo de animales haya que aumentar las explotaciones agrícolas, puesto que lo que deja de destinarse a piensos, se destinaría a alimentación humana (y teniendo en cuenta que los animales comen más de lo que producen, de hecho incluso habría excedente).
- No es cierto que aumente el consumo de agua, exactamente por la misma razón anterior (no se aumentarían las explotaciones agrícolas), pero sobre todo porque se eliminaría el agua consumida por el resto de participantes en la producción animal (mataderos, fábricas de piensos, etc.)
¿Qué hacemos? ¿Nos hacemos todos veganos? Pues creo que tampoco es eso…
En primer lugar, porque la dieta vegana es carente en vitamina B12 y requiere de suplementación. Mi opinión es que si una dieta no es capaz de ofrecer a una persona sana todos los nutrientes sin suplementación, es que no es una dieta adecuada (pero es mi opinión, respeto el resto).
En segundo lugar, tras presentar a todos los actores que participan en la producción animal, se me hace evidente que un cambio de dieta radical por parte de todo el mundo podría tener un impacto económico muy grave. No obstante y como no soy economista, dejo dicho estudio a los expertos en la materia.
En tercer lugar, existe un factor que se llama «huella de carbono», que refleja el impacto ambiental que ha tenido un alimento en su producción. Además de incluir lo enumerado anteriormente, también tiene en cuenta las emisiones en caso de haber sido madurado en cámaras, el impacto del transporte, etc. Aunque teóricamente es más baja en vegetales, sería interesante comparar las huellas de carbono de un chuletón de ternera de Ávila de producción ecológica con la de una ensalada de lentejas de Canadá (sí, sí, gran parte de las lentejas que comemos en España vienen de Canadá…), quinoa de Perú y aguacates de México que nos pudieran ofrecer, por ejemplo, en un restaurante en Ávila.
En definitiva, la recomendación de la ONU es sensata y está bien documentada, pero no se está sabiendo explicar. No es necesario ser radicales y eliminarla por completo, pero os invito a empezar por eliminarla uno o dos días por semana de la dieta, a comer más legumbres, a reducir el consumo de ultraprocesados y a apostar por las frutas y vegetales frescos y de temporada, y todos los alimentos en general de producción de cercanías (sean o no ecológicos). El medio ambiente os lo agradecerá… y vuestro cuerpo también.